La Mirada ASISA: un recorrido por la obra y el legado de Enrique Ochoa de la mano de José Estévez

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La nueva entrega de La Mirada ASISA reúne a dos instituciones con vocación cultural y social: la Fundación ASISA y la Fundación Pintor Enrique Ochoa. En esta ocasión, la doctora María Tormo, directora de Planificación y Desarrollo de ASISA, conversa con José Estévez, presidente de la Fundación Pintor Enrique Ochoa y nieto del artista. La entrevista, celebrada en la sede de la fundación, ofrece un recorrido profundo por la vida, la obra y el contexto histórico de Enrique Ochoa, uno de los ilustradores y pintores más destacados —aunque todavía poco reconocidos— del siglo XX.

José Estévez describe a su abuelo como “uno de los grandes pintores del siglo XX, considerado uno de los excelentes ilustradores por la crítica de las revistas de los años 20”. Ochoa colaboró con publicaciones tan influyentes como Blanco y Negro o La Esfera, donde destacó por sus retratos de mujer, un tema central en su obra. No en vano, la prensa de la época lo bautizó como “el pintor de las mujeres”, un reconocimiento a su capacidad para capturar la diversidad del universo femenino durante el periodo de entreguerras.

El estilo de Enrique Ochoa

Su estilo evolucionó desde el modernismo y el simbolismo hacia lenguajes más experimentales. Estévez destaca cómo Ochoa convivió en París con las vanguardias de Braque o Juan Gris, incorporando elementos cubistas en obras aún figurativas, un puente natural entre tradición y modernidad.

Uno de los focos más interesantes de la entrevista es la relación de Enrique Ochoa con figuras clave de la Edad de Plata, como Gómez de la Serna, Valle-Inclán o Federico García Lorca. Sobre este último, Estévez subraya la importancia del retrato que su abuelo le realizó en 1933 en Granada: “Es un cuadro que anuncia el dolor (…) es realmente impresionante”. La obra, cargada de simbolismo y dramatismo, se ha convertido en una pieza esencial para comprender el vínculo entre pintura y poesía en la España del siglo XX.

La entrevista profundiza también en la etapa más espiritual y musical del pintor, desarrollada tras su exilio durante la Guerra Civil. Instalado en la Cartuja de Valldemossa, en Mallorca, Ochoa dio un giro radical a su obra y comenzó a transformar grandes composiciones de Beethoven, Chopin o Stravinski en lo que él denominaba “el pentagrama de colores”. Estévez explica que “ese es el momento en el que el pintor cambia de registro totalmente”, dando forma a una obra musical de gran modernidad y fuerza expresiva.

El dolor y la dureza de la vida también están presentes en su obra. Ochoa vivió tres guerras, la orfandad temprana y la pérdida de dos de sus hijos. Todo ello se filtra en pinturas como la Dolorosa, marcadas por la influencia de Goya y por una potencia emocional que Estévez resume así: “Lo que comunica el arte al final no es otra cosa que la emoción”.

El arte como herramienta

En la parte final de la conversación, ambos reflexionan sobre el papel del arte como herramienta para el bienestar. Estévez señala que “el arte es disfrutar de algo que te gusta (…) es una conexión, una búsqueda de belleza que te da serenidad”. Y añade un mensaje especialmente inspirador: “El arte puede ayudar a las personas; quizá no te cure una enfermedad, pero a lo mejor te ayuda a no tenerla”.

La entrevista concluye con un llamamiento a acercarse a la obra de Enrique Ochoa, que podrá visitarse próximamente en diversas exposiciones, entre ellas la dedicada a La mujer Ochoa en las salas del Conde Duque de Madrid.